26/5/17

The Truth Interview





The Truth Interview, de Brian Stefans, en colaboración con la poetisa Kim Rosenfield es un conjunto abigarrado de enlaces ocultos en anuncios y frases de una web simulada. Cada vez que se encuentra un enlace, salta una pantalla emergente que muestra un poema, bien estático, bien dinámico con textos móviles, o que permite saltar a nuevas webs y nuevas informaciones. Cada pieza en sí misma no es gran cosa pero la red de hiperenlaces es tan densa que acaba por interesar, por animar a encontrar más informaciones, más textos, más poemas.

Puede accederse desde este enlace.






25/5/17

Los estudios de Karl Augustus Von Hausenbulf sobre la sincronización del dormir






El azul brillante del cielo le molesta. Mira el libro que lleva en la mano y lo aprieta con fuerza. Sí, el libro de ese autor alemán que más le hubiera valido conocer antes. Desde hace semanas, es como su misal. Allí está toda la explicación. Lástima que no lo hubiera leído hace años, que no se lo hubiesen recomendado en la biblioteca.

Le jode que la primavera haya llegado, porque estas cosas, las separaciones, son más propias del otoño o del invierno, cuando uno se queda en casa, y fuera llueve, y el escenario parece acompañar la melancolía que a uno le agobia. La vida debería ser más sensible con estos detalles, porque ponerte la zancadilla justo cuando el mundo renace es una canallada. “Un poquito de por favor”, un poco de piedad…. pero no, tenía que ser cuando el parque está más verde, cuando las parejas se besan al aire libre, cuando la luz aumenta cada día. Además, -  y seguro que ella no lo había hecho adrede - , es que, para más fastidio, ella se va para siempre el día de su octavo aniversario. Vamos, ni a propósito, como para jugar al euromillón y ganar tres veces seguidas.

- ¿Celebraremos el aniversario con una cena íntima? – le había insinuado él.
- Ay!, cuánto lo siento – le había contestado ella -, me voy de viaje con unos amigos ese mismo día. Otra vez será.  - Afortunadamente, no tenía un espejo delante porque hubiera sido penoso verse la cara de gilipollas. 

La envidia. La nota tan feliz, tan renacida, tan contenta. ¿Dónde se separaron? No lo sabe, es tan tonto que no se percató del momento exacto donde se rompió el hilo. Ensimismado, siempre orgulloso de amarla, embobado cada vez que la miraba, no había sentido ese instinto que tienen los buenos timoneles, esos que otean el horizonte, ven la nubes plomizas que se acercan y giran un poco el timón, lo justo para encauzar la ruta del navío. Él, no, directo contra los arrecifes y, encima, cantando sobre la proa como un marinero ebrio. Más idiota no se puede ser.

Ahora sabe que debió atender a cómo dormía. Si hubiese leído antes el libro hubiera estado atento, presto a actuar. Sólo que ha encontrado el sesudo estudio del tal Doctor Karl Augustus Von Hausenbulf, un alemán al que imagina bigotudo y unicejo, demasiado tarde. Aquel investigador decimonónico había experimentado durante meses con un nutrido grupo de parejas enamoradas y había concluido que todo el secreto del amor duradero se escondía en la sincronización del sueño, en la sincronía de las fases durmientes. Fíjate por dónde, una tontería como esta, que había pasado desaparecida a psicólogos y  coachers es la clave de cualquier relación. Pero él, un inútil, no ha sabido hacer caso a este indicador tan preciso. 

Bien lo explica el teutón en la página cuarenta y cuatro: “la relación amorosa sólo es posible cuando los ritmos circadianos de los sujetos están en fase mientras que estando en oposición, la ruptura es segura”. Al leer el libro, se ha saltado todas las fórmulas que lo demuestran matemáticamente pero se ha quedado con el dibujito de dos ondas bailando entre ellas. Si los enamorados duermen a la vez, fenómeno. Como uno duerma y el otro vele, date por muerto. 

Al inicio, cuando todo empezó, cuando hablaban durante horas y cuando la distancia era una simple anécdota, él dormía mal, pero de felicidad. Le costaba conciliar el sueño porque se tumbaba en la cama, boca arriba, con una sonrisa de tontaina y recorría la silueta de su rostro y de su cuerpo con la imaginación, hacía planes para toda la vida y sentía un cosquilleo en el pecho que le daba más oxígeno que el aire más puro. Según los estudios de Von Hausenbulf, ella debía estar durmiendo de manera parecida, entusiasmada, feliz.

Luego, llegó la plenitud, las noches románticas, las charlas íntimas e interminables, el compartir un vaso de vino en el balcón, - la recordaba en albornoz, en la madrugada, fumando un pitillo bajo Casiopea, hermosa, maravillosa; o aquella vez que fueron a ver las olas- . Entonces, en ese dulce tiempo, les vencía el sueño al unísono y se despertaban con el mismo trino de una alondra. Exactamente como Herr Doktor lo había previsto, esa “sincronización de la vigilia con desviación típica de seis sigma” que escribía en su libro. Joder, qué frase más acertada. 

Más tarde, y es aquí donde él no estuvo alerta, donde siguió ensimismado en su sonrisa, en su boca, en su tacto, en creer en un para siempre, ella debió – de acuerdo a lo que afirma Hausenbulf - comenzar a despertarse por la noche, a sentirse intranquila, quizá sin saber por qué, a pensar en cárceles, en otros mares, en cielos más azules, en ferias llenas de farolillos y guitarras, en instantes apasionados. Él quizá lo sospechó e intentó crear momentos, aventuras, interés, pero el desfase del dormir ya había hecho mella en ella y la hacía rechazar todos y cada uno de los planes.

Y, ahora, aquí, en plena primavera, el diagnóstico del cabrón de Von Hausenbulf, la última fase del proceso, se ha cumplido. Ahora, el ritmo de los dormires se ha invertido, ha pasado de la sincronización a la inversión de fase. Ahora, ella, se siente libre, ya no siente dolor o compasión por el cadáver dejado en el camino, respira, duerme a pierna suelta. Él, ya no duerme apenas. Le da vueltas al coco, se siente un imbécil; a ratos utilizado, a ratos un fracasado; unas veces agradecido por lo vivido, otras despreciado; la cama se ha vuelto de pronto gigantesca y hace frío, mucho frío, unos palmos más a la izquierda. Tiene miedo.

Qué jodido Von Hausenbulf. Dio en el clavo. La inversión de fase del sueño. Fíjate por dónde, quién lo hubiera dicho. 

Piensa que la primavera y el Herr Doktor se han confabulado contra él. Sabe que, cuando llegue la noche, se cumplirá la regla de las fases. Él, mirando al techo, sintiéndose un gilipollas; ella boca abajo, roncando. 

Se sienta en el parque y abre el libro por el último capítulo donde el autor cuenta que sus muchos intentos para recuperar la sincronización en el dormir, una vez que se ha producido el desfase, fueron todos un fracaso. Imposible. Los biógrafos de Herr Doktor Karl Augustus Von Hausenbulf cuentan que poco antes de morir, constatando que el desfase era irreversible, murmuró:

- Die große Katastrophe



24/5/17

Walks from City Bus Routes





Walks from City Bus Routes, de J.R. Carpenter, es un generador de pequeñas propuestas de viaje, tan realistas como imposibles, por la ciudad de Edimburgo. El generador de texto utiliza la técnica de moldes rellenados con palabras tomadas de una base de datos. Se completa el efecto añadiendo una imagen que recuerda a los libros con recomendaciones de viajes del siglo XIX. 

Está programado en Javascript.

Puede leerse desde este enlace.


23/5/17

Emulación de la voz humana




Aunque ya existen sistemas que vocalizan un texto escrito (Text-to-Speech Systems), lo cierto es que es muy sencillo detectar que se trata de una voz automática, no emitida por un ser humano. Hay una invariabilidad absoluta en los fonemas, las pausas son inapropiadas y puede haber equívocos con las pronunciaciones. La prosodia es claramente no humana.

Ahora, la firma VivoText ha anunciado que está a punto de poner en el mercado un sistema más avanzado que permitirá leer un texto con una voz virtualmente indistinguible de la humana. Las aplicaciones posibles son numerosas, desde las lúdicas (hacer que nuestro deportista favorito nos hable o lograr que un peluche cuente un cuento a nuestros hijos con nuestra propia voz - si es que esto tiene algo de bueno-, juguetes interactivos) a las militares, periodísticas, audiovisuales o artísticas. Sin duda, si se llegara un día a una alta perfección en la imitación, habría que analizar a conciencia los aspectos morales puesto que sería posible generar pruebas falsas o noticias ficticias absolutamente verosímiles.

El sistema de VivoText basado al parecer en combinatoria de samples podrá imitar cualquier voz. Se fundamenta en un algoritmo previo diseñado para imitar la canción humana denominado MOR (Music Objects Recognition).

Puede verse la página Web de la empresa en este enlace.




22/5/17

El autor en el nuevo mundo de la edición



Se anuncia la cuarta edición del evento "El autor en el nuevo mundo de la edición", organizado por la Asociación de Escritores de Euskadi-Euskadiko Idazleen Elkartea. En concreto, tendrá ligar en Bilbao el próximo 15 de septiembre.

Las ediciones de los anteriores años tuvieron un gran éxito, con llenos de la sala y emisión en streaming de las ponencias, donde los ponentes analizaron el mundo de la autoedición, el mundo editorial y los medios digitales. En esta edición se hará énfasis sobre el audiolibro, el futuro del periodismo cultural y habrá un taller sobre autopublicación.


20/5/17

Bear: una aplicación para embellecer los textos en teléfonos



Bear es una aplicación para la plataforma Apple, es decir Iphone, Ipad y Mac. Permite un formateo y una maquetación profesional y de elegante estilo. Si bien, en un ordenador esto es conseguible por muchos otros medios, en los dispositivos móviles es más complicado. Este programa permite facilitar esta tarea y lograr textos bien organizados, con fuentes profesionales y estilo superior. Permite añadir notas, enlaces, imágenes, tipografías, etc. El contenido se transfiere entre los dispositivos móviles de manera consistente.


Un vídeo publicitario:







18/5/17

Littérature et dispositifs médiatiques




Para la próxima semana, en concreto los días 25 y 26 de mayo, se convoca el coloquio Littérature et dispositifs médiatiques: pratiques d'écriture et de lecture en contexte numérique , que tendrá lugar en la Universidad de Quebec, en Canadá. La entrada será gratuita hasta completar aforo.

Se analizará cómo lo digital influye en la lectura y la escritura literarias, así cómo afectan a la difusión de la literatura. Se estudiarán nuevas formas literarias, la interacción entre el lector y la obra y cómo pueden conservarse las obras digitales. 

El coloquio se dividirá en cuatro sesiones: Dramaturgia digital, Arte digital, Flujo narrativo y Reajuste literario. Se completará con una mesa redonda. 



 

17/5/17

El fantasma interior




Johan fue siempre un poco tarambana. Desde niño apuntó poco entendimiento en los estudios y escaso amor a las artes, de modo que no destacó en asignatura alguna y sus calificaciones le permitieron pasar de curso, año tras año, tan solo gracias al esfuerzo de su padre, Markus,  que, con paciencia y cariño, dedicaba un par de horas cada jornada  a completar la educación del chico. Viudo desde hacía una década, se había consagrado a su hijo, en parte por sincero afecto, en parte como homenaje a la esposa que le dejó demasiado pronto. Markus era un hombre afable, funcionario del Ministerio de la Salud, aficionado a leer novelas de Hermann Broch y devoto asiduo a las misas de St. Antonius Kirche, junto al río. Esporádico bebedor de cognac, había creado todo un ritual cuando se servía una copa, por lo habitual los sábados a la noche. Se sentaba en su canapé favorito, colocaba un disco con alguna sinfonía de Mahler en el giradiscos y se limitaba a dejar transcurrir las horas. En esos ratos, se proponía enmendar a Johan, hacer de él un hombre de provecho, asegurar su formación para que pudiera, si todo iba bien, lograr un puesto en la Administración. Había soñado con que ingresara en el ejército, en el cuerpo de Artillería concretamente, como su bisabuelo, pero dadas las pocas dotes físicas del muchacho y su absoluta falta de voluntad y disciplina, olvidó aquel proyecto que a él le parecía tan prometedor.

- No sé hacerlo mejor – suspiraba, en ocasiones, mirando al techo como si esperara ver a su esposa dándole las instrucciones adecuadas – Bueno, velaré por él hasta que cumpla los veinticinco. A esa edad, debería ya ser capaz de volar sólo, ¿no crees, Helga?

Ajeno a las preocupaciones del progenitor, Johan se convirtió en un adolescente bohemio, juerguista, aficionado al vino del Rin y a invertir el natural orden vital, es decir que dormía casi todo el día y no paraba en toda la noche. Matriculado en Ciencias Políticas, no pasó del primer curso y fue amargando a su padre a fuerza de disgustos. 

Dos años después, nadie sabe si por sus preocupaciones o porque el colesterol había cumplido con su callada labor, un infarto detuvo el corazón del bueno de Markus y Johan, a sus 22 años,  hubo de enfrentarse solo a la vida.

Tras un breve duelo, sinceramente sentido, se vio libre de la obligación de estudiar. Fallecido su padre no había razón alguna para continuar con algo que aborrecía. Encontró un puesto de trabajo como dependiente  en unos almacenes de ferretería en la Günter Strasse, mal pagado pero suficiente para afrontar los desenfrenos de cada fin de semana. En herencia, le habían quedado la casa y una modesta cuenta corriente en un banco de la ciudad.

Fue unos cinco o seis meses después cuando Johan comenzó a preocuparse por primera vez. El insomnio comenzó de manera leve, casi insustancial, pero día a día, semana a semana, fue haciéndose más intenso, tanto que para septiembre apenas conseguía conciliar el sueño un par de horas. La falta de descanso comenzó a mellar su salud y su alegría.

- Está usted sano, amigo mío – le dijo el Dr. Heimgler-, los análisis son correctos y las radiografías no muestran nada extraño. No sé qué decirle. La falta de sueño no parece responder a ninguna causa fisiológica.
- Pero no duermo doctor – replicó Johan -, y si no puedo dormir será por algo, ¿no?
- Sin duda, sin duda, pero atisbo que debe tratarse de alguna causa, digamos – procuró dulcificar la voz – psicológica.
- ¿Insinúa usted que estoy loco? – el doctor supo que no había suavizado suficientemente la afirmación.
- No diga usted eso. Es joven, nada indica que su cerebro pueda estar dañado. No sé, quizá será que usted tiene un elevado nivel de estrés. ¿Cómo le va en el trabajo?
- Bien, bien – contestó Johan -, mal pagado, un jefe un poco torpe, pero nada que pueda amargarme la existencia.
- ¿Ha probado con beber una copita de licor cada noche para ayudarle a dormir?
- Más que una copita, doctor. Botellas enteras. Y nada, no lo consigo.
- Es extraño, desde luego.
- ¿Qué me recomienda? – la voz del joven denotaba auténtica ansiedad.
- No se ofenda, no lo tome a mal, pero quizá podría recomendarle visitar un psiquiatra. El doctor Schneider es buen amigo mío y le garantizó su absoluta discreción.

Con recelo y tras pensarlo un par de semanas, Johan acudió por fin a la consulta de Schneider. El hecho que le decidió fue que, una noche, mirando a la lámpara, ojos abiertos de par en par, oscuridad sólo clareada por una luna gibosa, escuchó voces. Bueno, no puede decirse que las escuchara físicamente, exteriormente, como uno puede oír un claxon, un cantante o un piano. No. Era, ¿cómo explicarlo?, una voz interior, una charleta que tenía el mismo efecto que el de un orador que estuviera frente a él.

- ¿Estoy loco? – preguntó al doctor Schneider.
- Por Dios, señor Kelcher – el psiquiatra mantenía en todo momento un trato distante, amaneradamente profesional -, no piense en algo así. Simplemente usted está batallando en su subconsciente con un duelo mal cerrado.


Tras la quinta sesión, Schneider había ya concluido que el problema que atormentaba a Johan era su padre. Probablemente, de manera inconsciente, su mente se había dado cuenta de lo poco que le había querido, atendido y agradecido sus esfuerzos.  Se trataba, a su juicio, de un remordimiento que ahora se manifestaba como un desorden mental ligero.

- Estas cosas están bien estudiadas en la bibliografía – le había asegurado Schneider con solemnidad -,  muchos pensamientos quedan ocultos en los profundos pliegues del cerebro y, de pronto, algún hecho intrascendente dispara los recuerdos y las meditaciones que debieron haberse hecho a su tiempo y que, por cualquier razón, quedaron pendientes. Esto no implica locura alguna, Sr. Kelcher, tan sólo que es necesario abordar la causa del pequeño desorden, tratarla y solucionarla.
- No reconozco la voz de mi padre – Johan parecía hablar más para sí mismo que para el doctor- pero el discurso es su discurso. Esa voz interior me dice lo que él siempre me repetía, con casi las mismas palabras.
- Lo dicho, simplemente se trata de recuerdos manipulados por la mente, sueños de vigilia, como los denominamos. 


Durante los siguientes meses, Johan pudo dormir mejor ayudado por unas pastillas que le recetó el galeno y de las que el joven prefirió no conocer la composición. Aun así, cada día sufría un par de horas nocturnas en las que el ronroneo interior, ese discurso que no se sabía de donde venía, proseguía con su letanía. Que si debía aprovechar mejor su vida, que era necesario que retomara los estudios, que pensara en una provechosa carrera militar o en participar en las oposiciones para la Administración del Museo Friedrich que se celebraban en primavera. 

- Es como un fantasma – le dijo durante una sesión al doctor Schneider ´- . Sólo que en vez de aparecerse a la antigua, con una sábana blanca y aullando como un imbécil, es más sutil, me invade el alma, el cerebro, la vida.
- No existen los fantasmas de sábana pero sí los fantasmas interiores, Sr. Kelcher – contestaba de manera académica el médico-, que así llamamos coloquialmente a esos pequeños traumas que se nos van quedando atrapados en las neuronas. Nada grave, créame, pasará. Pero he de señalarle que, a la luz de lo que usted me ha venido relatando, he de romper una lanza a favor de su padre. En sus esfuerzos, en su actuación, sólo veo un amor desprendido por usted, una voluntad de ayudar, de proteger, quizá sobreactuada por la ausencia de la madre.
- Voluntad de fastidiar, querrá usted decir.
- Pienso que es usted injusto para con su padre – había concluido el médico -, y estas deudas siempre acaban pagándose. Tarde o temprano deberá usted afrontarlo.


Lo cierto es que Johan procuraba proseguir con su vida como si tal cosa. Más delgado y siempre con ojeras, no dejaba de asistir a las funciones del  Weltes Kabaret, en la Bundes Platz, donde aparte de apreciar los números musicales y las divertidas ocurrencias de los humoristas, había congeniado con una chica un poco mayor que él, mucho más avezada en las lides amorosas y hermosa como ninguna. 

- En tus brazos duermo mejor, Anke – le decía. Aunque no era cierto, prefería pasar las horas en vela, asido a la piel blanca y tersa de ella que mirando al sombrío techo de su habitación. 

La chica, por cariño o por piedad, le permitía que la tomara cada noche para que, al menos, durante un rato, él olvidara a sus fantasmas.


Cambió de trabajo seis o siete veces, otras tantas de cabaret y otras tantas de destilado preferido. Lo que nunca hizo fue hacer caso a los fantasmas que le llamaban, recuperar los estudios, formar una familia, opositar.

- Es ya como una lucha contra ellos – le había afirmado al doctor Schneider, dos años después - ; es mi victoria. Nunca me ganará el fantasma, la voz esa que me corroe cada noche. Aunque creyera que ser funcionario fuese lo mejor para mí, aunque el salario fuese interesante, no cedería. Por joder al fantasma.
- Ha usted de separar la realidad de la ficción, señor. Las decisiones en su vida ha de tomarlas con los datos reales, no con esas fantasías, menos aún en contra de esas fantasías. Pero debe tener en cuenta que, siendo ideas que su propio cerebro crea, son anhelos que su subconsciente tiene.  Si tan recurrentes resultan es porque, en el fondo de su mente, los deseos de su padre coinciden con los suyos propios. En realidad, su cerebro está intentando ayudarle a usted mismo por una vía indirecta, conciliarlo todo. Es una lucha entre su consciente y su subconsciente.
- Odio a mi padre – le salió un grito.
- Vamos, vamos, joven. Su padre murió hace casi 3 años y los muertos, muertos están. He de admitir que creo en el más allá, en fuerzas espirituales, en – si usted lo desea- fantasmas del pasado, pero no tienen tiempo de venir a nosotros ni manera de hacerlo. 
- Yo no sé qué creo. Mi padre sí que era muy de curas.
- Da igual, Sr. Kelcher. Lo que nunca debe olvidar es que le  estamos tratando con novedosos medicamentos que darán fruto.
- Sí, lo acepto. Pero no mejoro, doctor.
- Paciencia, Sr. Kelcher. Estas cosas siempre toman su tiempo.


Volvió a cambiar de trabajo un par de veces  y su interés por sentar la cabeza o hacerse un hueco en el mundo siguió sin aparecer. Como se decía a sí mismo, se nace bohemio y se muere bohemio.

- Prefiero morir bajo el puente pero contento, que en un hospital de millonarios- le había dicho al médico.
- ¿No hará caso usted, entonces, a su propia voz interior?
- ¿La de mi padre?
- Ambas
- Jamás.


El día que cumplió 25 años se despertó cuando el día estaba ya bien avanzado. Al principio no fue consciente de lo inusual del hecho pero cuando el sol que se colaba por entre las láminas de la persiana le cegó los ojos, se percató de que había dormido, que había dormido muchas horas. Se sentía realmente descansado, libre.

No fue a trabajar.  Tenía que aprovechar el día. Paseó, comió en el bistro de la Linden Strasse y vio una obra de guiñol en el parque. Aquella tarde lo celebró con Anke a lo grande, tuvieron sexo durante horas y se sintió feliz como hacía años que no lo estaba.


- ¿Qué te ocurre? ¿Qué te ocurre? – le preguntaba Anke, desnuda junto a él, sonriéndole. 
- Será la pócima esa que me hace tomar el maldito Schneider, qué sé yo, ¡pero me siento tan bien!

Tampoco fue a trabajar durante toda la semana y fue despedido. No le importó lo más mínimo.

Un mes después, confirmó al doctor Schneider que no volvería, que ya no eran necesarios sus servicios, que ya no escuchaba las malditas voces y que había olvidado sus fantasmas. Estaba orgulloso de haber vencido al fin.

Saludó al médico y este, antes de soltar su mano, le dijo:

- Recuerde que quizá usted no se haya librado de sus fantasmas sino que ellos se han cansado de usted. 






16/5/17

Patria


Patria, (Tusquets, 2016), de Fernando Aramburu es una novela necesaria, en donde la historia de dos familias - otrora amigas, posterior- mente enfrentadas - sirve para describir la atmósfera asfixiante, amoral y enloquecida de la Euskadi del último medio siglo. Necesaria para que quede constancia de cómo la violencia carcomió una sociedad de arriba a abajo, un cáncer que costará mucho extirpar completa- mente. Necesaria para que la amnesia no borre la historia.

Quizá no es una gran novela en lo que respecta a la profundidad psicológica de los personajes o la brillantez de la prosa y, sin duda, recibirá premios más por su temática que por su escritura. Pero es necesaria, porque el enfrentamiento de las dos matriarcas - una con el marido asesinado por ETA, la otra, defendiendo a su hijo preso y miembro de ETA- es casi lo de menos, es simplemente un hilo conductor que le sirve a Aramburu para relatar el escenario, ese horrible fondo sobre el que se desarrollan y asfixian las vidas y los valores morales.

La estructura, precisamente, se soporta sobre flashes, retazos, momentos, que, unidos, conforman esa visión de una sociedad muy enferma éticamente, amargada, triste, oscurantista y podrida. El silencio de muchos, los asesinatos de algunos, las torturas policiales, el “algo habrá hecho”, ese párroco especialmente abominable, el mirar para otra parte, la cobardía de la mayoría, la comprensión de otros tantos, el estigmatizar a una persona para convertirla en un “untermensch” con el que se puede hacer todo sin remordimientos, las retóricas que justifican lo injustificable, los falsos argumentos éticos, el fanatismo, en definitiva la barbarie, se muestran sin grandes alharacas, en una multitud de capítulos muy cortos y escritos de manera sencilla. Elementos que sirven asimismo para ahondar en las reacciones de las personas: el miedo, la sed de venganza, el odio, la angustia, y el nunca abatido amor a pesar de todo. Entiendo que será una novela difícil de leer para muchos porque actuará como un espejo que dice lo que no se quiere escuchar, lo que se ha pretendido maquillar durante décadas.

Entre los aspectos menos logrados, cabría citar el exceso de tópicos en los diálogos, cierta lentitud, un final demasiado simple, algunas desgracias excesivas (la hija paralítica, por ejemplo), así como un reduccionismo a los extremos. Los que asesinaban no eran todos ignorantes y brutos. Era peor, los había inteligentes que ponían su capacidad al servicio del diablo. También  llama la atención la ausencia de dos aspectos a mi entender tremendamente importantes: el derrumbe moral de la escuela (tanto pública como privada) y la falta de exploración acerca del papel que las cúpulas dirigentes – políticas, sociales, económicas, intelectuales- jugaron al situar por encima  de la ética ese “qué puedo sacar de todo esto” o escudarse en “esto es problema de otros”. Aramburu analiza bien a los peones, pero poco a los que movían los peones (atisbado en el siniestro encargado de la taberna, tirando la piedra y escondiendo la mano).

La novela no puede abordarlo todo. No hay que pedírselo. Pero queda por escribir otra obra, no sobre los afectados directos de uno u otro lado, sino sobre esa mayoría silenciosa, acobardada, la que miraba para otro lado, la que, en definitiva, permitió que todo el horror ocurriera. 




13/5/17

Visualizing Electronic Literature Collections





Visualizing Electronic Literature Collections es un artículo académico de la doctora en literatura  Urszula Pawlicka, de nacionalidad polaca, en el que analiza el desarrollo de la literatura electrónica usando como base ejemplos del primer volumen de la ELO, el compendio ELC1.

Presenta un timeline, clasificando las obras cronológicamente y mostrando las palabras clave que las definen, distinguiendo tres periodos independientes.

Puede leerse en este enlace.

El blog de la autora, puede accederse desde este enlace.



12/5/17

La falsa abuela, de Calvino, animado




El actor John Tuturro lee el cuento de Calvino, La falsa abuela sobre creativas animaciones dibujadas por Kevin Ruelle. El autor italiano escribió esta fábula dentro de su compendio de cuentos populares en 1956 pero, aún hoy en día, son muy populares y leídos. Una recreación de Caperucita Roja.

La animación, en tonos planos, elegantes, dando importancia a detalles puntuales que recogen la acción fundamental de cada instante, está bien lograda.