17/8/17

From Beethoven to Bill Evans: Western Harmony Simplified



From Beethoven to Bill Evans: Western Harmony Simplified, de Tom Regis es un interesante manual de armonía musical en el que se pasa revista, con multitud de fragmentos de partituras, a la evolución de los acordes entre los siglos XIX y XX.  Un análisis que parte de la música del periodo clásico para terminar en el jazz y que utiliza numerosos ejemplos al piano para mostrar los conceptos señalados. Hay también una lectura transversal que une formas de componer en Beethoven u otros compositores clásicos con motivos igualmente usados en el jazz o en músicos como Coltrane.

El libro cubre desde los conceptos iniciales de escala diatónica y creación de acordes de tercera hasta la evolución de acordes de séptima, disonantes, escalas menores, el uso de la dominante en el blues, acordes aumentados y disminuidos, acordes típicos del jazz, etc.

Una obra interesante que, naturalmente, precisa un cierto conocimiento musical para poder ser leída y entendida.




 

16/8/17

Sunset





Sunset is dressing in yellow,
starlings are playing with drawings,
the table is ready, the wine is so mellow,
the breeze is humid, sensual, voluptuous…

You know what I’m craving.

… but you are not here…

…and the magic is fading.




14/8/17

LACompLing 2017: Logic and Algorithms in Computational Linguistics



A finales de esta semana, el 14 y 15, se celebra en Estocolmo el foro LACompLing 2017: Logic and Algorithms in Computational Linguistics durante el cual varios expertos analizarán diversos aspectos de la gramática computacional. Habrá conferencias y talleres.

Entre los temas a tratar están la definición de teorías computacionales del lenguaje, la sintaxis computacional, semántica por ordenador, interfaces hablados, algoritmos de parsing, generación automática de texto, aprendizaje artificial del idioma, neurociencia computacional de la lengua, traducción automática y modelos computaciones del habla entre otros.


En este enlace puede leerse la página del evento.





  

12/8/17

Topography of Dante's Inferno



Topography of Dante's Inferno, de la sociedad italiana Alpaca, es una infografía interactiva sobre los cantos correspondientes al infierno de la Divina Comedia de Dante. Programado en HTML5, javascript y CSS3 funciona en Chrome. El proyecto ha sido galardonado este año con la medalla de oro en la IIID Awards 2017 por el International Institute for Information Design.

La aplicación permite navegar por gráficos esquemáticos, con un estilo de iconos sencillos, que recorren todos los cantos, pudiéndose ampliar cada zona hasta llegar a los versos (o, el tipo de pecadores que han caído en manos del diablo) que se desean leer. Estos aparecen en pantallas adicionales, existiendo dos versiones, la original en italiano y una traducción al inglés. 

Puede experimentarse desde este enlace.







10/8/17

AudioBook Maker





AudioBook Maker es un software gratuito que permite pasar un texto a voz. Sobre su pantalla de trabajo, basta pegar el texto que se desea convertir a audio para que el sistema comience a vocalizarlo. Evidentemente, el ritmo y tono suena algo robótico, sin las entonaciones e intenciones de un verdadero locutor humano pero sirve para la función. Es posible efectuar diversos ajustes, como el tipo de voz (masculina, femenina), la velocidad de lectura, el tono de la voz, etc. Es posible generar archivos MP3 o WAV. Permite añadir diccionares privados para pronunciar palabras muy específicas que el motor de audio no pueda traducir bien. 

Más información en este enlace.


9/8/17

Un cómic para ciegos




Los libros en Braille son bien conocidos. Pero hacer un cómic, visual, donde los dibujos son más importantes que los textos, en Braille es una tarea que parece imposible.

Francesc Capdevila lo intenta en el libro A boat tour/Tour in barca, que el Instituto Ramón Llull presentó hace unas semanas en Venecia. En este libro, los textos están impresos en el alfabeto Braille convencional mientras que los gráficos se crean mediante relieves de líneas y trazos, a fin de que la persona pueda imaginar dicho dibujo. No está claro si estas personas aquejadas de falta de visión imaginan lo mismo mediante esta actividad táctil que otra persona que ve la imagen. Para diseñar el libro, Capdevilla contó con la ayuda de ciegos reales que fueron contándole cómo experimentan ellos la realidad a través de los otros sentidos y cómo pueden interpretar una imagen sólo con los dedos. Asimismo, el autor paseó en barca con una invidente que le fue relatando lo que sentía y experimentaba durante el trayecto por los canales venecianos. En función de esas experiencias, se han creado los relieves del libro. 

Más información en este enlace.


  





8/8/17

Turn On Literature




Se cerró ya el  el premio Turn On Literature de obras de literatura digital.  El concurso fue ganado por   Amaranth Borsuk, Kate Durbin, e Ian Hatcher con su trabajo ABRA

Los trabajos ganadores y otras obras seleccionadas van a ser expuestos a partir de este otoño en Dinamarca, Noruega y Rumanía, a razón de 5 semanas en cada lugar.


Concretamente, las fechas serán:


Roskilde (Dinamarca): 4 octubre – 14 noviembre 2017

Bergen (Noruega): noviembre - diciembre 2017
Ramnicu Valcea (Rumanía): enero 2018



6/8/17

El cumpleaños de la abuela Severina



El otoño acaba de comenzar y la temperatura es aún cálida para festejar por la noche. La familia se ha reunido en la hacienda de la abuela Severina por su cumpleaños. Nada menos que ochenta y ocho. Hace ya cuatro años que la mente de la vieja se ha ido filtrando por las grietas de la edad y que, Rita y Manuela, las dos sirvientas que la cuidan haciendo turnos, tienen que preocuparse de casi todo. Severina es de buen carácter y mantiene una sonrisa dulce que no se sabe bien si responde a un involuntario rictus de los músculos faciales o algún oculto bienestar aferrado a su alma. Sea como sea, es una enferma llevadera, tranquila, cuyo único problema es la dificultad para comunicarse con sus ayudantas que han de imaginar, en muchas ocasiones, los deseos de la anciana.

Rita y Manuela han decorado el porche y el jardín como lo han venido haciendo desde hace años, desde cuando aún Severina era capaz de dar órdenes y definir con gran exactitud cómo debía adornarse la casa por su cumpleaños. Era, en esto, especialmente quisquillosa porque bien sabía que era el único día en que su numerosa prole se juntaba. El resto del año, el trabajo y la lejanía de la mansión hacían que apenas recibiera visitas. Ella, ante sus ayudantas,  disculpaba su soledad con la distancia y el ajetreo de la moderna vida, pero las dos mujeres, más de una vez, la vieron con los ojos húmedos mirando el camino y comprobando que, como siempre, nunca aparecía nadie.

- ¿Qué tal Rogelio? – el hombre que habla va bien vestido, se nota que le va bien la vida. Pantalón de lino, camisa de marca, manga corta, un buen reloj en la muñeca y sombrero Panamá. 
- Bien, bien – contesta el otro, sentado en una mecedora de madera, pipa en la boca y gafas subidas hasta la frente – ya sabes, haciendo el gusto de Mariela.
- Bueno, no durará mucho. La vieja está cada día peor. Me ha dicho Rita que apenas ya entiende nada y que cada noche le cuesta más respirar.
- La verdad es que venir hasta aquí es un agobio. Esto está en el culo del mundo, Juan, y si no fuese porque algún día algo se podrá hacer con estas tierras, sería mejor que la abuela estuviera en una residencia de la ciudad, mejor cuidada y sin tantos jaleos.
- ¿Tienes un rato para hablar de esto? Precisamente, tengo alguna idea en la cabeza. – Juan se sienta junto a Rogelio. 

Mariela y Sonia son las hijas de Severina. La relación con la madre fue siempre tensa a causa de la disciplina de la que gustaba la matriarca. Se había quedado viuda muy joven, cuando el hacendado Mauro, su esposo, un indiano que había regresado de Cuba con ciertos capitales, sufrió un inesperado infarto, seguramente consecuencia de sus excesos con el tequila. El hombre había comprado la mansión y cultivaba café, las cosas marchaban bien y dejaba que Severina mandara en la hacienda con absoluto control. Él se desentendía y sólo exigía que ella cumpliera con sus débitos conyugales un día sí y otro no, algo a lo que Severina nunca se opuso como si diera por bueno pagar esa incomodidad a cambio de asegurar el futuro de sus hijas. Cuando sacaron a Mauro sobre unas parihuelas, aquella tarde de mayo, Severina no vertió lágrima alguna y supo, en aquel mismo instante, que de ella dependía el bienestar de sus hijas, de sus nietos y de sus bisnietos, como si acabase de fundar una dinastía en aquel apartado rincón del gran río. Y, creyéndose reina, al menos en sus tierras, estableció un protocolo en que incluía el festejo de todos los cumpleaños con un boato y unas formas impropios del clima, de la zona y de las alimañas que rondaban más allá de las cabañas de los trabajadores del cafetal.

Así había sido durante lustros y este año, como cualquier otro, Rita y Manuela han dedicado dos días a preparar la casa para el evento. Primero, una limpieza a fondo porque Severina, aun en su estado, tuerce el morro si no ve que los espejos relucen y los cristales transparentan bajo el sol de la mañana. Las dos mujeres conocen qué piensa con sólo ver su expresión y, con el profundo cariño construido a lo largo de mucho tiempo, desean que esté feliz. Luego, han engalanado el jardín con candiles de velas que cuelgan en ramas y matojos. En la pérgola, que todavía está llena de buganvillas rosadas y alguna que otra orquídea, han situado más lucecitas y el letrero que felicita a la abuela. En los aledaños, regaron ya los parterres de retama amarilla que delimitan un camino imaginario hacia las chinchonas, al final de sus tierras. También, han aireado todas las habitaciones y cambiado la lencería de las camas a fin de que todo esté dispuesto para los invitados.

Los parientes (las dos hijas; sus cónyuges; siete nietos, cuatro de ellos casados con sus respectivas parejas; otros cuatro en noviazgos; dos bisnietos y una docena de amigos íntimos) van llegando al atardecer y besan a la abuela con afecto, unas veces sincero, otras interesado. Ella se deja hacer y, en su estado, balbucea algunos sonidos que pasan desapercibidos. Luego, ya en la cena, una orquestina contratada para la ocasión interpreta versiones instrumentales de arias de ópera. En realidad, a Severina nunca le gustó la ópera ni la música culta. A ella lo que de verdad le entusiasmaba eran los valses de Chabuca Granda y los discos de tango que su Mauro había hecho traer en el vapor y que escuchaban en ocasiones tras los encuentros íntimos. Pero, en el protocolo de su reino, en aquella lejana región, Severina pensó que la ópera era indispensable para inculcar a sus hijas y descendientes un sentido de la cultura que las hiciese respetables. Sólo tuvo éxito con Mariela que acabó gustando del arte lírico e, incluso, haciendo pinitos en el piano. Con el resto de la familia, el fracaso fue rotundo pero, incluso así, respetaban la tradición y se aguantaban cuando los grupos de músicos locales, haciendo gala de más entusiasmo que habilidad, lo intentaban con Puccini, Verdi o Bellini.

- La oferta es firme – Juan bajó la voz, acercándose a Rogelio y mirando al suelo-, son diez mil dólares por hectárea, sin impuestos, de eso ya me encargo yo. Basta que firmen las hijas, que serán las herederas. Sonia está de acuerdo y sólo faltaría que tú convencieras a Mariela. A ti te doy por convencido. El inversor piensa que en estos terrenos debe haber gas y esto hace que no discutan el precio.
- Claro, claro- contesta Rogelio- es sin duda una oferta irrechazable pero nos olvidamos de que aún debe morirse la vieja. Y, aun estando como está, con la cabeza en el Índico, no creo yo que va a ser pronto. 
- Hierba mala nunca muere- sonríe Juan- pero, como mucho será cosa de un par de años.
- Quizá fuera una buena idea despedir a una de esas dos – con un gesto de sus ojos, da por sentado que son Rita y Manuela-, podemos decir que los gastos son demasiados, que con una mujer que atienda a la abuela es suficiente. Y, estando menos cuidada, la vida hará el resto.
- No te falta razón- contesta Juan y bebe un sorbo de licor.

La orquestina se ha arrancado con el brindis de La Traviata y Camila, la nieta preferida de la abuela, la menor de todas, hija de Mariela y Rogelio, coge dos vasos de ponche y se sienta junto a Severina.

- Hola, abuela- acaricia su mano con cariño-, ¿Escuchas lo que  tocan? Tenemos que brindar. Venga, yo te ayudo. 

Camila sabe que su abuela la entiende porque ve un brillo especial en sus ojos, porque la sonrisa se vuelve más dulce y porque la anciana abre la boca un poquito, lo suficiente para que su nieta le aproxime la copa y deje verter poco a poco el licor.

- Está bueno, ¿eh, abuela? Como en los viejos tiempos. Te echo de menos abuela, son tantos los recuerdos de los veranos que pasábamos aquí.

Camila es sincera. Igual es porque sabe que no le contestará, o quizá sea porque es la nieta que siempre estuvo más cerca de Severina, la que conseguía domeñar la rigidez y las normas con zalamerías y carantoñas, la única a la que la abuela dejaba que hurtase bollos calientes recién salidos del horno y a la única a la que, fuera de horas, le preparaba grandes vasos de chocolate espeso.

- ¿Sabes, abuela? Ya no salgo con él. Resultó ser un gañán que sólo quería… bueno, ya sabes, no hace falta que te lo diga… pues eso, que lo mandé a la mierda.

Severina no contesta aunque lo intenta. No importa. Camila sabe que le está diciendo que ha hecho muy bien, que a sus veinte años tiene toda la vida por delante, que ya llegará el verdadero amor, ese que se sabe que es definitivo al segundo siguiente de que arrive.

- Un día, prosigue la nieta, traeré a mis hijos a que te visiten. Pero tienes que prometerme que vas a vivir aún muchos años, abuela. Anda, prométemelo, mueve esos bonitos ojos tuyos para decirme que sí, que vamos a estar aquí juntas muchos años más.

Y la anciana hace algo como un movimiento, quizá un tic momentáneo, pero que para la joven es una afirmación en toda regla.

Rita y Manuela llaman a la cena. La noche ha caído ya y, como invitados por el ángel de la guarda de la abuela, una miríada de luceros y una difusa franja blanquecina iluminan la negrura del firmamento.

La abuela preside la mesa. A un lado, un lugar para una cuidadora. Rita y Manuela se turnan en atenderla y, cuando no lo hacen, velan para que el servicio contratado para la ocasión, ejecute sus tareas con rapidez y precisión. De tanto en cuando, entran en la cocina y vigilan que los asados llegan a su punto. Al otro lado de la abuela, se sienta Camila. El resto, empezando por sus hijas y maridos, se distribuyen a un lado y otro de la mesa construida con caballetes y tablones sobre los que se han extendido manteles de hilo y cubiertos de plata. El vino blanco se alterna con el tinto y el ponche. Los niños contribuyen más al bullicio que el resto y los músicos sólo paran unos minutos para devorar unos canapés y beberse unas copas de jerez que un camarero les sirve.  Como siempre en casa de Severina, la abundancia en los festines es excesiva: asados de cabrito y vacuno, cebiches calientes, truchas pescadas ese mismo día en el río, frutas, sopas de calabaza y camarones, arroz con pollo y cilantro, pastelitos de crema y bizcocho. La abuela come poco, siempre ha sido parca en el apetito, siempre ha disfrutado más ofreciendo que tomando.

Luego, tras la cena, se forman grupos. Unos se sientan frente al río que baja lento. Otros, deambulan por el gran jardín en conversación amena; los más jóvenes se despistan en el arbolado y la abuela queda sentada en su mecedora del porche, bajo un candil de dos cirios, justo frente a la orquesta. Sonríe, pero nadie sabe qué siente.

- ¿Entonces, estamos de acuerdo? – es Juan quien habla en el grupo de cuatro personas, las dos hijas y sus esposos, en el lado sur de la finca- 
- Es lo mejor para mamá – asegura Sonia -, aquí no podemos estar seguros de si está bien cuidada o no. Sí, cierto que Manuela y Rita son de confianza y que llevan más de una década con ella pero la familia es la familia y estaremos todos más tranquilos si la tenemos cerca en la residencia de Arapiles. Me he informado y tiene unas instalaciones estupendas.
- Seguro que a ella no le haría mucha gracia de estar en su sano juicio – prosigue Mariela- pero ya no puede regir ni darse cuenta de nada. Ahora, lo que cuenta es que la cuiden los médicos más apropiados a su cuadro mental, ¿no?
- Sin duda, sin duda – afirma Rogelio-, os entiendo, a los hijos siempre les es más difícil tomar una decisión de este tipo pero hay que hacer caso a la razón y no al corazón. Y para cuidados, este no es lugar. Esto es casi la selva, no nos engañemos.
- Habrá que ver qué se hace con estos terrenos – Juan mira a Rogelio con complicidad -, va a ser difícil que nosotros, con nuestras ocupaciones en la ciudad podamos ocuparnos. Y ya se sabe, la naturaleza lo destroza todo en meses. 
- ¿Habrá que vender, no? – dice Mariela despreocupadamente.
- Sí, es lo más lógico – contesta Rogelio- ¿Qué piensas, Sonia?
- Sí, seguramente.

La orquesta interpreta un fragmento del Don Pasquale, ese en que el anciano protagonista promete vengarse. Nadie canta pero en lo profundo del pensar de Severina, se escucha el Aspetta, aspetta, "Espera, espera", que con tanta gracia cantaba el bajo en el disco que Mauro ponía a menudo.

Su nieta Camila, que está sentada junto a ella, observa que se le agranda la sonrisa y se alegra por ella.

- ¿Te gusta, abuela? ¿Te gusta la música?

Severina asiente con un pestañeo de ojos. En realidad sonríe recordando vagamente el despacho del notario don Aniceto Serrano Andrade, una tarde de marzo, lluviosa, hace seis años. Entre la niebla de la memoria perdida, atisba a recordar la cara del abogado, una primera hoja en caligrafía barroca con la palabra “Testamento”, los nombres de Rita y Manuela en una de las páginas. Y sonríe mientras la música se pierde por entre las flores del jardín. 




5/8/17

annie96 is typing



annie96 is typing, de Pascal Chatterjee, es una historia breve digital contada simulando que se trata de una conversación por dispositivo móvil, por WhatsApp,  entre dos adolescentes que contactan por azar, el usuario "Annie96" y el usuario "McDavey". Un formato chat que resulta natural en el mundo de hoy y que, en este caso, permite al lector ser un "voyeur" de lo que otras personas- ficticias- hablan. En definitiva, las historias epistolares, en forma de cartas cruzadas, de toda la vida, traducidas a los soportes modernos. 

annie96 is typing tuvo su desarrollo en tiempo real en el año 2014. Ahora puede leerse en retrospectiva, perdiéndose el interés por saber qué va a pasar al no actualizarse más.

Programado en HTML y javascript, controlaba el tiempo de los mensajes para dotar a la aplicación de una mayor verosimilitud.

Puede verse desde este enlace.


3/8/17

Waiting for Gwodot





Waiting for Gwodot, de Sepand Ansari y Raschin Fatemi, es un hipertexto programado en HTML, un remedo de la obra teatral de Samuel Beckett.

El trabajo, con una buena dosis de humor, incluye gráficos salteados por textos, breves, algunos de los cuales tienen enlaces. Esto permite al lector ir navegando a través de la lectura en el orden que él mismo determine. Los textos son dinámicos, generados por un motor de texto, de modo que se actualizan con el tiempo de manera automática, necesitándose que el lector sea activamente ágil en su lectura. En ocasiones, estos textos se superponen con un efecto estético poco conseguido.

Puede leerse desde este enlace.




2/8/17

Biblioteca digital de libros infantiles




En la Universidad de Florida, en los EEUU, la Biblioteca Baldwin de Literatura Infantil Histórica ha digitalizado una pequeña parte de su colección de libros infantiles, unos 6000 ejemplares publicados en los siglos XIX y XX. Estos libros son de libre lectura.

La Biblioteca, en su conjunto, acoge 130.000 obras publicadas desde el siglo XVII. Sobre todo, como no podía ser de otro modo, se trata de ejemplares en inglés impresos tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, aunque también hay algunos de Francia, España, Canadá, Australia, Alemania y otros países. La biblioteca fue creada por Ruth Baldwin

A través de este enlace puede accederse a la colección.


1/8/17

Poetry Code



Programar código que pueda leerse como un poema y que, a su vez, sea realmente ejecutable es una tarea a la vez compleja, creativa y reconfortante si se logra hacerlo bien.

El poema mostrado abajo ha sido creado por Wulfrano Arturo Luna, utilizando el lenguaje JAVA




29/7/17

Desaparece Flash: un golpe para la literatura digital.





Adobe ha anunciado que definitivamente dejará de soportar FLASH en el 2020, lo que supone la estocada final a esta plataforma de desarrollo que comenzó su declive cuando Apple decidió excluirla de sus tabletas. Las razones oficiales siempre han sido que Flash no es sólido desde el punto de vista de la seguridad y que presenta numerosos errores de concepto en este sentido. Si bien hay bastante de cierto en ello, así como que es un entorno cerrado, es también verdad que Flash va a ser una víctima de guerras comerciales, de políticas de marketing y de desavenencias entre los intereses de Apple y los de Adobe a las que ahora se van uniendo Google, Facebook y Mozilla. Se insiste también en que HTLM5, WebGl y demás, permiten ya capacidades equivalentes a las de Flash. Esto, simplemente, no es cierto. Claro, es más fácil simplificar las webs en los teléfonos móviles hasta hacerlas anodinas que programar los dispositivos para que lean Actionscript  o tengan compatibilidad retroactiva. Tampoco Adobe ha puesto de su parte al no dedicar recursos suficientes a eliminar lo agujeros de seguridad detectados.

Sea por lo que sea, el caso es que Flash va a desaparecer y esto tiene un impacto muy significativo en el corpus de la literatura electrónica. Durante dos décadas muchos de los trabajos en literatura digital (así, como multitud de juegos) se han programado en Flash por su capacidad de animación, interactividad y portabilidad. Ahora, cuando los ordenadores y sistemas operativos no tengan ya un driver para Flash, todas esas obras quedarán olvidadas; peor aun, encerradas tras los muros de un entorno que ya no está permitido visitar, como aquellos presos medievales a los que se les emparedaba hasta morir. Podrá argumentarse que es preciso traducir todos esos relatos digitales a plataformas nuevas pero esto resulta muy complicado por varias razones: tiempo y coste, no existe una equivalencia biunívoca entre Flash y el resto de lenguajes de programación lo que hará casi imposible una duplicación, falta de traductores inter-plataformas automáticos, etc.

No es esto lo peor. Lo peor es que el mismo hecho va a suceder y suceder y suceder. Flash es sólo un jalón en el camino. Los que ahora abogan por HTLM5 o CSS3 o javascript, deberían ser conscientes de que en pocos años, una década a lo sumo, estos lenguajes de programación también desaparecerán, que las guerras comerciales que levantan y sepultan estándares van a continuar, que la falta de criterios comunes entre fabricantes, entre dispositivos fijos y móviles, etc., no sólo no disminuye sino que se acrecienta porque es una herramienta de diferenciación en el mercado (no una herramienta de diferenciación técnica o artística). Es una carrera sin fin que no tiene límite ni finalidad, jaleada sólo por usuarios que gustan de ir a la última moda sea buena o mala, de la novedad a ultranza (pero que, jamás, programan ni profundizan en los contenidos, que los consumen intrascendentemente). 

La falta de estándares comunes entre fabricantes, y en la industria informática en general, se da en todos los ámbitos: software, hardware, interactividad, código, permanencia de servidores, cambio de reglas de distribución, etc. 

Hay una obsolescencia programada inaceptable. El avance de la tecnología es deseable y normal; nadie puede estar en contra de ello; pero no es correcto el que cada estándar se blinde de los anteriores, haciéndolos inutilizables. Es como si al inventar el automóvil ya no se pudiera usar la bicicleta; que al tener aviones quedaran prohibidos los globos, que el microondas prohíba la sartén o que al tener e-readers quedaran inutilizados los libros de papel; que al haber automóviles, los caminos ya no fueran compatibles con medios de transporte anteriores. No sólo no hay compatibilidad, es que se obstaculiza la compatibilidad para crear nichos de mercado exclusivos. En este caso, no es que Adobe deje de desarrollar Flash, es que no va a existir ni el visualizador para presentar todo el contenido ya  creado. No es una muerte por evolución natural sino una extinción forzada.

En este enlace, se pasa revista a muchos de los problemas de compatibilidad existentes, por ejemplo.

Mientras que un texto de literatura clásica escrito hace 3000 años puede aún leerse hoy en día, con independencia del soporte, la literatura digital tiene una evanescencia innata obligada precisamente por el soporte (al menos durante las próximas dos o tres décadas. Quizá en el futuro existirán sistemas operativos que sean capaces de procesar cualquier archivo, presente, pasado o futuro). Esta evanescencia es un talón de Aquiles muy importante en la literatura electrónica. Un autor de relatos digitales debe dedicar más tiempo a actualizar obras que a crearlas. ¿Se imaginan a Shakespeare volviendo a escribir Hamlet porque el tipo de papel ha cambiado?

¿Podría decirse que el que la literatura electrónica sea volátil, efímera, es una virtud? Yo pienso que no. En general, la literatura tiene voluntad de permanencia, deseo de trascendencia. No dudo que haya artes que son intrínsecamente efímeras, basadas en el momento, en una performance puntual (incluso, podría decirse que el teatro lo es, que cada representación es distinta …. mas hay un libreto que permanece) pero la literatura no está entre ellas.

La literatura electrónica podrá sobrevivir sólo si los estándares básicos de visualización se mantienen en el tiempo. De la misma manera que podemos leer hoy los textos de Homero aunque entonces no hubiera papel; como podemos ver El acorazado Potenkim aun cuando se haya pasado del celuloide al sensor CCD; como somos capaces de ver una imagen, sea en óleo o en pantalla. Si el soporte es una losa en vez de un medio de expresión, una camisa de fuerza en vez de un vestido confortable, no hay futuro en la literatura electrónica.

Descanse en paz, Flash. Descansen en paz miles de obras de literatura electrónica.






27/7/17

La littérature au laboratoire



La littérature au laboratoire, de Franco Moretti, es un libro que compila 8 artículos y que reflexiona acerca del impacto de la digitalidad en las Humanidades, en la forma en que leemos o en la manera de cómo entendemos y analizamos la literatura. En especial, contempla cómo se puede hacer crítica literaria apoyándose en los medidos informáticos, escrutando el Big Data y poniendo en relación más datos y conceptos, más análisis de los corpa,  que los que anteriormente podían manejarse. 

Por otro lado, la digitalidad no es sólo un instrumento en la literatura sino que permite un cambio de paradigma a la hora de crear obras literarias, aunque, al menos de momento, existe una gran dificultad para encontrar un lenguaje propio que ponga a la literatura digital al nivel de la convencional.

 Puede encontrarse en Amazon.



25/7/17

XII Concurso de Relatos y Microrrelatos de Viaje Moleskin




Mi relato RosenStrasse ha recibido el segundo premio en el XII Concurso de Relatos y Microrrelatos de Viaje Moleskin , un certamen centrado en la literatura de viajes. En esta ocasión, se han presentado 221 trabajos provenientes de España y de otros doce países. El ganador ha sido Carlos Novo con su relato Jartum.

RosenStrasse entreteje dos historias paralelas: la sucedida en 1943 en el Berlín nazi, cuando unos centenares de mujeres desafiaron a Goebels tras la detención de sus maridos judíos, y el viaje personal de un alemán de este siglo.

Agradezco mucho al jurado este premio.


23/7/17

Poesia por ordenador




La editorial china Cheers Publishers ha puesto a la venta un libro de poemas que, según el editor, es el primero escrito enteramente por un algoritmo. La traducción de su título es La luz solar se perdió en la ventana de cristal. En concreto parte del generador de textos creado por Microsoft, Microsoft Little Ice que mueve el popular Xiaoice a través de Weibo. El libro se ha publicado en papel tras haber hecho pruebas con muchos de los poemas generados en varias redes sociales y observar que apenas unas pocas personas se dieron cuenta de que estaban creados de manera artificial (lo que no se sabe si dice mucho del algoritmo o poco de los lectores)

El algoritmo parte de una base de datos de sonetos escritos por humanos, en concreto de 519 poetas de los últimos 90 años, de los que extrae reglas, palabras y rimas para crear otros nuevos. El programa generó 10.000 poemas en 2.760 horas, pero en el libro se publican solo una selección con los 139 mejores.

Claro, está en chino. 

He aquí la traducción de uno de ellos:

La lluvia arrecia sobre el mar.
Un pájaro en el cielo.
Una noche de luz y calma.
Amanecer.
Ahora en el cielo.
Corazón frío.
Hay viento del norte cuando encuentro un mundo nuevo. 

La generación de poemas es un campo donde los algoritmos digitales se han desarrollado más, especialmente en verso libre. Aquí y aquí, algunos ejemplos en español. El ELC3 recoge un algoritmo programado por mí de generación de poesía.

También hay programas que generan relatos en prosa como Aleatum.




21/7/17

Llamadas telefónicas




Antes de descolgar el teléfono, Lidia comprobó el número en la pantalla. Al ver que era su amiga Nerea, pulsó la tecla verde.

- Hola, Nerea, ¿Qué tal?
- ¿Cómo estás guapa? – contestó su amiga. Se la escuchaba lejos. Mala cobertura.
- Bien, ¿cómo quieres que esté?
- Hombre, una no deja todos los días al tío con el que ha compartido tantos años.
- ¡Ah!, te refieres a eso. – Lidia contestó con despreocupación.
- ¿Qué tal te encuentras? ¿Cómo lo llevas?
- Bien, bien. Me siento tranquila, bien conmigo misma. Me he quitado un peso de encima.
- ¿Seguro?
- Sí, no es lo mismo que te dejen que dejar. Esto siempre es más fácil.
- Es un mal trago, sea lo que sea – replicó Nerea.
- Sí, de acuerdo, pero son dos días. Es lo que se dice, ¿no?, el muerto al hoyo y el vivo al bollo. De veras, me siento muy bien, sin ninguna añoranza de lo pasado, tranquila.
- ¿Y por qué lo mandaste todo al cuerno?
- Por aburrimiento, me parece. ¡Yo qué sé!, eso nunca se sabe. Es un sentimiento de cansancio, de asco, de necesitar ver diferente, pensar diferente, sentir diferente, de vivir momentos intensos, no una rutina que mata. Quizá lo que quiero es volver a enamorarme.
- Aunque digas que no.
- Aunque diga que no- remachó Lidia-, ya sabes, el corazón tiene razones que no entiende la razón.

Se escuchó el pitido de la tetera. El agua estaba caliente. Con el teléfono sujeto entre el hombro y el rostro, Lidia vertió el agua en una taza e introdujo una bolsita de infusión de regaliz. 

- ¿Y él, qué tal está? – preguntó Nerea.
- Aparentemente mal. Le llamo de vez en cuando y, la verdad, es un coñazo. Que si me quiere; que para qué le llamo si, total, siempre volvemos al mismo punto; que le abandoné sin siquiera hablar con él; que no quiere importunarme; que se le ha caído un mito, decepcionado su confianza; en fin, las chorradas esas que dice un tipo cuando no es capaz de entender que simplemente una no está ya enamorada de él, que esto se tiene o no se tiene, sin explicaciones, sin motivos. ¡Qué más quisiera yo ir a comprar una pócima del enamoramiento en la farmacia, tomármela y disfrutar de tres meses de mariposas en el estómago! Pero, joder, la vida no es así. Y él parece que no lo quiere entender. Más le valdría que pensara por qué es tan moñas y aburrido. Vale, de acuerdo, a mí se me ha pasado el encantamiento pero algo habrá tenido que ver él también, ¿no? – explicó Lidia.
- Siempre te dije que no era hombre para ti. Eráis mundos aparte. Nada que ofrecerte. Un muermo.
- Ya, pero te vuelves loca y te vuelves loca. No es explicable. Ocurre y ya está. Y, del mismo modo, sucede lo contrario.
- Pues no le llames, ¿no? – insistió Nerea.
- Pero a mí me gustaría saber de él. Oye, hemos convivido durante años, somos algo más que amigos circunstanciales. ¿Es que no se puede ser amigo tras una relación de pareja?
- Ya sabes que no. – la voz de Nerea sonó segura y afirmativa.
- Eso dice él. Que qué me va a decir aparte de que sigue enamorado y que está jodido. Que para decir eso y hacerme daño, mejor no hablar. Porque, repite y repite, que como me quiere aún, no desea que yo lo pase mal. Al menos que uno de los dos sea feliz, dice el muy cabrón.
- ¿Y no crees que tiene razón?
- No, ¿por qué no saber de nosotros? ¿Por qué no contarnos todo como antes? 
- ¿Por qué? – Nerea rio- ¿Quién es la moñas, la de cuentos de hadas, ahora? Pues porque hay cosas que sólo le cuentas a la pareja con la que follas y te abrazas a su cuerpo después. Y no te vas a la cama con un amigo cualquiera, sino sólo con "el- a-mi-go" - ralentizó el ritmo al pronunciar cada sílaba- . Hay un salto enorme entre abrazarse desnudos bajo las sábanas y contarse confidencias, o no hacerlo. Para hablar de cosas íntimas, o estás en la cama o estás borracha. ¡Que no tienes 20 años!
- Ya, ya sé,  lo de que el sexo une y todo eso. Pues será que soy ingenua pero yo creo en la amistad sin más.
- ¿Seguro?
- ¿Por qué ese tonito de mofa? – Lidia sorbió de la taza que olía intensamente a regaliz.
- Porque lo que yo creo es que eso de la amistad te importa un bledo. Lo que no quieres es sentirte mal porque él está mal, no quieres sentirte culpable de haberle dejado, de no haber hablado con él, de no haberle dado una oportunidad. Lo que te jode es dejar cadáveres en el camino porque eso te hace mirar atrás. Eres muy zen, tú. – afirmó Nerea.
- No es eso… - Lidia titubeó.
- Bien sabes que sí. Le llamas para consolarte tú, no para consolarle a él.
- Pero le consuelo porque lo hago de corazón.
- Ya sé que le consuelas. Porque el muy pardillo sigue enamorado de ti. Y lo seguirá estando, sin superarlo, mientras tenga la mínima esperanza.
- Este es muy pelma, muy pegajoso, eso te lo garantizo. No había conocido a nadie tan garrapata. Se te adhiere y no lo sueltas ni con agua hirviendo.
- ¿Así que vas a seguir llamándole?
- No sé, no lo sé. La verdad es que cada día me da más pereza hacerlo. Llamas y te sabes de memoria y por adelantado, el rollo que te va a soltar. Aunque, hay días que se esfuerza y me habla sólo del trabajo o de política. Pero, vamos, le noto a la legua que está haciendo teatro y que está pensando en lo de siempre.
- Como poner un CD, ¿no? Te sabes la copla de memoria – Nerea rio con ganas.
- Sí, coplas de amores a lo Manolo Escobar . Aunque, mira, no. Este es mas de Sabina porque me repite eso de que no quiere ser de la cofradía del santo reproche – Lidia le acompañó en la sorna.
- No sé qué decirte. Tampoco voy a aconsejarte que cortes toda comunicación, lo hagas por ti o por él. Igual es cierto que le gusta oírte aunque lloriquee. Quién sabe lo que pensará de veras. En fin, la compasión y la caridad son virtudes cristianas. Tómalo como un deber de auxilio al desamparado.
- Un lío, Nerea, Un lío. No se sabe cómo acertar. 
- Bueno, ya sabes que yo estoy contigo para lo que quieras. – Nerea sonó afectuosa.
- ¡Joder, eso es lo que le digo yo a él, casi la frase idéntica! 
- ¿Y qué te dice? – preguntó Nerea.
- Que miento, que no estoy para lo que él quiera porque, en lo que le resulta más importante, ya me he ido y lo he dejado sin esperanza de regreso. Que estoy para las chorradas.
- No le falta razón al desgraciado. – concluyó Nerea- . Oye, cambiando de asunto, ¿sabes qué le ha pasado a Mari Jose en el trabajo?

El sol se ponía. Mientras charlaba con Nerea, Lidia terminó la infusión y colocó los pies sobre la otomana. Había pensado en llamarle más tarde pero, ¡qué coño!, vaya pereza, y la tarde estaba para disfrutarla.




20/7/17

ELO cambia de sede





La Electronic Literature Organization (ELO) cambia de sede. Sita actualmente en el Massachusetts Institute of Technology, pasará a la Washington State University Vancouver. La ELO se mueve de localidad periódicamente y estará en este nuevo emplazamiento durante los próximos cinco años. 

 La ELO es una referencia mundial en el ámbito de la literatura electrónica y digital, siendo también creadora de las colecciones de obras digitales. La última de estas recopilaciones es la ELC3.



19/7/17

Generador de informes y noticias




Hoy en día disponemos de una enorme cantidad de datos e informaciones pero no tenemos tiempo ni habilidades para escribir un informe que extraiga lo básico de esos datos. La empresa Narrative Science propone un generador de informes que, extrayendo lo sustancial de los datos, puede crear un texto de calidad más que razonable para un humano. Basándose en bases de datos de textos preseleccionados, el analizador sintáctico y de contenidos crea nuevas frases adecuadas al contexto y la información. Es de aplicación en periodismo, ciencia o actividades industriales. 

Lo interesante del asunto es que la calidad del texto no es distinguible de la que un humano podría haber escrito, siempre que nos atengamos a un dominio de conocimiento objetivo y controlado.

La web de la empresa puede verse en este enlace.

17/7/17

Plataforma de contenidos digitales






Recorder Books anuncia la primera plataforma común de audiolibros, revistas digitales y libros digitales. En general, tiene las mismas capacidades que cualquier otro portal con la particularidad de que este engloba todos los productos y el usuario puede elegir cualquiera sin tener que salir de la aplicación en su dispositivo móvil.

Para más información, puede visitarse la web de la compañía en este enlace.



16/7/17

El rey Dabón





En el reino de Asbregán, hoy desaparecido pero poderoso e influyente milenios atrás, era costumbre poner un apelativo a los reyes que morían. Los tres sacerdotes más ancianos del templo se reunían en cónclave durante dos días y dos noches (se decía que no les estaba permitido comer durante las deliberaciones) para evaluar y recordar las acciones del monarca fallecido, buscando aquel elemento, aquella cualidad de su carácter o aquella hazaña que pudiera mejor definirlo por todos los siglos venideros. Así, Asbregán tenía en sus panteones a Kaltarem IV “El Invicto” porque jamás había perdido una batalla. O a Merlojk “El Gigante” porque su estatura alcanzaba los dos metros y lo convertía, a ojos de sus vasallos, en un coloso. Los apodos podían ser también críticos puesto que los sabios reunidos perseguían la objetividad en el recuerdo. Ofged II “El Alelado” o Baladev III “El Cobarde” figuraban también en las crónicas, por sus evidentes debilidades.

Cuando el rey Dabón murió en combate, en las laderas de la cordillera sur, con tan solo treinta y dos años, los tres sacerdotes a los que se les encomendó la tarea de definir al monarca para la posteridad fueron Abted, Moran y Eltef. Se reunieron al atardecer, vestidos con la túnica morada reservada para tales ocasiones. Era invierno y el fuego de la estancia apenas era suficiente para no tiritar.

- Amigos, creo que todos estamos pensando en el mismo episodio como aquel que marcó la imagen de Dabón para el resto de los tiempos– dijo Eltef.
- Así lo creo – aseveró Abted.
- ¿La liberación de Jutland? – Moran, en realidad, no estaba preguntando. Sabía que era ese, y no otro, el hecho clave de la vida del difunto.

Todos afirmaron con un movimiento de la cabeza. 

Dabón había comenzado su reinado con sólo 22 años. Era un guerrero valeroso, temerario en ocasiones, que sabía compartir con sus tropas los sinsabores de la primera línea. Durante sus primeros años obtuvo importantes victorias frente a las tribus bárbaras del oeste y reprimió con mano de hierro las conspiraciones de ciertas familias prominentes que buscaban beneficiarse con avaricia suma. Por aquella época, desposó a su cuarta mujer, Altaxa, una joven de dieciséis años, esbelta, de sangre muy noble, pelo azabache, rizado, ojos oscuros y cuerpo grácil que cautivó al rey por sus encantos y por su inteligencia. Destacaba entre todas por su interesante y lúcida conversación y no se privaba de criticar aquello que le parecía mal, fuera en contra de quien fuera. Resultó inevitable que Dabón se enamorara perdidamente de la muchacha y que la convirtiera en su favorita. Pronto, todo el país supo que su rey estaba muy enamorado y que suspiraba por estar con ella cada hora de su vida. Algunos lo consideraban un rasgo de humanidad, otros una debilidad impropia de un gobernante.

El año en que Dabón cumplió los veintiséis años y su esposa daba a luz a su segundo hijo, ocurrió el acontecimiento.

- ¿Lo recordáis bien? – preguntó Abted.
- Creo que sí, pero quizá Eltef pueda relatárnoslo una vez más para que todos compartamos una misma visión – Moran se sentó en una esquina, junto a la lámpara de aceite que titilaba inquieta. En el exterior, sólo se escuchaban los gritos de los oficiales llamando a los cambios de guardia.

Eltef comenzó.

- Hasta entonces, Dabón había sido un rey fuerte, que había impedido la disgregación del reino y que había ejecutado sin dudar a todos los nobles que conspiraron contra la nación. Esta es una desgracia demasiado recurrente en nuestro país, el ansia de poder de las familias acaudaladas que intrigan una y otra vez para medrar en la corte. Dabón era apreciado por el pueblo porque se mantenía firme ante los codiciosos y por ser justo. Severo, pero justo. Cada semana, si no estaba en campaña, dedicaba un día completo a presidir juicios. Cuitas de mercaderes, de propietarios que reclamaban dineros, de campesinos que había sido maltratados, de robos y violaciones, de asesinatos o muertes en defensa propia, duelos y pendencias. Él era siempre recto y jamás cambió de criterio por muy importante que fuera el condenado o por muy miserable que fuese el que tuviera la razón.
- Así pues deberíamos llamarle “El Ecuánime” – dijo Moran.
- Si hubiera muerto entonces, así lo afirmaría – contestó Eltef – … pero siguió viviendo.
- Perdona mi interrupción. Prosigue por favor. - se excusó el otro.
- Aquel invierno el clima fue especialmente crudo. Los dos regimientos de tropas enviados al norte en otoño repelieron un ataque inesperado de los bárbaros y recibieron la orden de permanecer sobre el terreno hasta la primavera a fin de evitar que se repitieran las escaramuzas.
- Era Jutland, el hermano de la reina Altaxa, quien comandaba los regimientos, ¿verdad? – inquirió Abted.
- Así es. Un comandante competente y eficaz, fiel vasallo del rey y de la reina, su hermana. - puntualizó Moran.
- Pues bien, - Eltef les miró antes de continuar - la nieve cubrió pronto los campos, el pedrisco arruinó los techados, hubo aludes y los ríos se desbordaron con furia. Fue una desgracia enorme. El agua, violenta y rauda, arrasó cosechas y graneros al punto de que las reservas que las familias de la provincia guardaban, desaparecieron con la corriente desbocada. Pronto, el hambre asoló la región y los enfermos primero, los niños después y los hombres más tarde comenzaron a morir de inanición.
- Una desgracia que se repite en toda la Tierra cada cierto tiempo, designio de los dioses – Abted bajó su rostro y garabateo algo con su estilete sobre el serrín que cubría el suelo.
- Sí, pero entonces el general Jutland tomó una decisión a todas luces inapropiada. Repartió casi toda su harina, sus provisiones de aceite y madera, las barricas de carne en salazón y los embutidos entre la multitud. Dejó a sus hombres sin la apropiada alimentación que requerían y estos desfallecieron. Obedientes, soportaban el hambre sin quejarse pero su capacidad bélica se vio mermada en gran medida. Fue entonces cuando los bárbaros volvieron a atacar y esta vez lo hicieron por millares, aprovechando el frío al que estaban mejor acostumbrados y la traición de la larga oscuridad de cada noche. Nuestros soldados, hambrientos, débiles, apenas resistieron y las hordas enemigas los masacraron, adentrándose luego muchos cientos de leguas en nuestro territorio. Tuvo que ser el propio rey el que decretara una leva extraordinaria y, poniéndose al mando de las tropas, logró frenar y derrotar a los bárbaros, ya casi en primavera. Para entonces, la desolación en el norte era enorme.
- ¿Así pues deberíamos llamarle “El libertador”?- dijo Moran.
- Jutland y unos pocos cientos de soldados habían sobrevivido. Se batieron con honor y valentía hasta que fueron rescatados por Dabón. – prosiguió Eltef-. Al regresar a la capital, el alto mando del ejército pidió la cabeza de Jutland y se abrió juicio militar contra él. Las pruebas eran abrumadoras. Deliberadamente, conociendo el riesgo de que el enemigo se desplegaba ante él, el riesgo de desguarnecer las fronteras, contra todos los reglamentos, había dejado a sus tropas hambrientas, indefensas, poniendo en peligro toda la región, incluso la nación entera, comprometiendo el futuro de Asbregán y el de miles de paisanos indefensos. Había sido una actuación impropia de un general experimentado, un error que había costado la vida a gran parte de sus batallones y supuesto fallar en la confianza con la que Dabón le había investido. La deliberación de los jueces fue breve y clara. Debía ser ejecutado por traición y mala praxis.
- Me parece una decisión apropiada. Aún se recuerda a los vándalos asolando las ciudades del norte, el horror de sus atrocidades, nuestras mujeres violadas y nuestros hijos secuestrados como esclavos – puntualizó Moran.
- Sí, nadie en el reino dudaba de ello. Incluso Jutland aceptó los cargos y se preparó para morir – continuó Eltef-. Pero, entonces, Dabón, que presidía el juicio, se levantó y dijo que él mismo dictaría la sentencia al día siguiente. Nadie dudaba de cuál sería su decisión, discutiéndose sólo la manera en que Jutland moriría. Dabón se retiró con su esposa a sus aposentos.
- Y aquí llegamos al día de los hechos – Abted se levantó, como si le incomodara proseguir sentado.
- Así es. Por la mañana, Dabón dictó su veredicto. Jutland quedaba libre y le era concedido el mando de un pequeño batallón en una provincia tranquila. Nadie comprendió la decisión, ni siquiera el propio general que suplicó morir con honor y no ser enviado a un destino anodino, un destierro fruto de un favor otorgado a Altaxa.
- Y comenzaron los rumores.
- Y comenzaron los rumores. – Eltef fue ahora el que se levantó-. Resultaba evidente que la influencia de la esposa, Altaxa, durante aquella noche, había resultado decisiva. Esta no quería ver muerto a su hermano y había convencido al rey para que, contra toda la lógica, contra toda la ley y contra toda la racionalidad de los hechos, dejara libre a un militar que tan graves errores había cometido.
- La llamada del sexo, de la pasión – afirmó Abted.
- Así lo pensaron todos. El rey había traicionado la ley y al reino como un muñeco enclenque frente a la mujer. O, peor, nepotismo puro. Ayuda a la familia por encima de la ley. Nepotismo, amiguismo. La gravedad de lo sucedido no puede ser menospreciada.
- Encoñado o por nepotismo, sólo el desprecio merecía – Moran hizo una mueca de desprecio.- Quizá deberíamos apodarle “El Traidor”.
- O “El Nepotista”
- O “El Lascivo” – concluyó el tercero de los sabios.
- Un rasgo de los hombres débiles es dejarse dominar por el placer que dan las mujeres. – continuó Elfef -. Había resultado que Dabón era débil. A partir de entonces, el respeto por el monarca se desmoronó. Aunque el rey volvió a ser el enérgico regidor de antes y cercenó las rebeliones de muchos que, ahora, se sentían legitimados a atacarle por su nepotismo, jamás recuperó su prestigio, menos todavía entre la gente sencilla.
- Esto sucedió apenas hace seis años. Lo recuerdo bien – Moran miró por el ventanuco. Era noche cerrada. Habría lobos merodeando por los huertos cercanos a la ciudad y los campesinos habrían prendido fogatas para ahuyentarlos. No era, desde luego, una noche para permanecer en el exterior.
- Sí. El rey jamás volvió a ser apreciado por su pueblo y diríase que buscó la muerte en las batallas que emprendió, encontrándola por fin la pasada semana. Cuentan que acabó con muchos enemigos en una suicida acción, atacando sin la protección de su guardia y apenas guarecido por un escudo. Hubiera sido heroico en otras circunstancias.
- Conocía su culpa y quiso redimirla con una muerte digna. – dijo Moran.
- Bien, entonces, amigos, ¿cómo le denominamos para la historia? – preguntó Abted.
- Yo elijo “El nepotista”. Creo que es lo correcto. – Eltef no parecía tener duda alguna.

No habían respondido aún los otros cuando tres golpes sonaron en el portón. En una tan desapacible noche, con un viento helado que silbaba entre los tejados del palacio y el riesgo de que fieras hambrientas se adentraran en las calles, sólo un loco podía estar a aquellas horas a la intemperie. Dudaron antes de abrir pero, al fin, pensaron que sólo alguien que tuviese urgencia verdadera podía haberse llegado hasta la casa sin esperar al amanecer. No sin cierto recelo, entornaron la puerta para ver quién llamaba. Los rostros de los tres hombres se inundaron de sorpresa.

- ¡Altaxa! – Moran casi gritó al pronunciar su nombre.
- Reina, entrad – Eltef tomó la iniciativa y abrió la puerta del todo para permitir el paso de la mujer.
- ¿No sois consciente del peligro? ¿Habéis venido sola? ¿Y la guardia? – preguntó Moran.
- Sí, he venido sola. Creo que me conocéis lo suficiente para saber que un lobo no ha de amedrentarme.
- Quizá no a los lobos, pero sí debéis temer a los hombres que desean veros muerta una vez que el rey Dabón ha fallecido – aclaró Eltef.
- ¿Y creéis que me importa la vida tras su muerte? – hizo un esfuerzo porque no le temblara la voz pero sus ojos humedecidos, hermosos, denotaban su tristeza. Si continúo es por nuestros hijos que un día han de honrarle.
- No deberíais estar aquí - Moran se puro serio-. Conocéis el porqué nos reunimos y sabéis probablemente nuestra opinión sobre vuestro esposo. La ley nos obliga y cumpliremos con nuestro deber de manera libre y objetiva.
- Lo sé - respondió la reina -, lo sé. Y os juro que lo último que deseo es que toméis una decisión en contra de vuestra conciencia. Dabón hubiera dado su vida porque actuéis con justicia.
- Permitid que lo dudemos – Eltef esquivó la mirada de Altaxa-, él no hizo lo mismo y vos sabéis cuándo.
- Os lo repito. No voy a pediros nada, no voy a rogaros que otorguéis un título a mi marido que no sea merecido en vuestra opinión, no voy a demandaros piedad ni clemencia, compasión o magnanimidad. No voy a comprar vuestras voluntades. Al contrario, os juro que si no cumplís con vuestro deber, os perseguiré para mataros. 
- ¿Qué queréis? – Moran se sentó y los otros le imitaron. De acuerdo a las reglas, no había comida en la morada y no pudieron ofrecer nada a la reina.
- Tan sólo quiero que me escuchéis.
- No hay maldad en ello – afirmó Abted-. Os escuchamos.

La reina permaneció en pie, altiva pero humilde, con su mirada fija en un punto indefinido pero con el orgullo de quien ama y defiende aquello que cree justo. Los tres ancianos esperaron con paciencia, durante los dos minutos en que ella permaneció en silencio, como si en su mente estuviera preparando lo que deseaba contar.

- No voy a repetiros lo que estoy segura que habéis debatido ya. No voy a contaros lo que acaeció en el juicio a mi hermano Jutland. Quizá, tan solo deciros, que mi hermano pide la muerte cada día porque el perdón que Dabón le otorgó es para él la peor de las condenas. No voy por tanto a relataros lo que ya conocéis sino lo que no conocéis.

- ¿Y qué es lo que desconocemos? – preguntó Moran con honesta curiosidad.
- Lo que sucedió en la noche previa al dictamen. Cuando mi rey y yo quedamos a solas.
- Creemos que sí lo conocemos – intervino Abted -, simplemente cedió a vuestra petición de clemencia por el amor que os tenía. Podemos comprenderlo como hombres, jamás como gobernantes.

Se escucharon las voces, apagadas por la distancia, de un capitán de la guardia pidiendo novedades a los centinelas. Faltarían dos o tres horas para que comenzara a clarear.

- Os contaré lo que ocurrió – prosiguió la reina- . Cuando nos retiramos a los aposentos, Dabón quedó largo rato pensativo sentado en su butaca, sin atenderme y sin querer beber siquiera una copa de vino. Tan meditabundo estaba que me preocupé e intenté aliviar la carga que pesaba sobre él. Yo, como vosotros, pensé lo mismo, que mi rey se sentía culpable por tener que ejecutar a mi hermano. Pero ni yo ni Jutland le pedíamos otra cosa que cumplir con su deber. En modo alguno queríamos, ni mi hermano ni yo, impedir la obvia sentencia. Así que para liberarle de una carga que yo no le ponía encima, le dije que la decisión era clara, que debía ejecutar a mi hermano, que yo lo comprendía y lo aceptaba, que mi hermano estaba deseoso de pagar con su vida el error cometido.
- Os honra tal actitud – intervino Abted.
- Él se levantó de súbito y me dijo que había decidido liberar a mi hermano. No os oculto mi sorpresa. Le rogué que lo matara, que no le sometiera al escarnio de perdonarle la vida cuando era evidente que todos pensarían que lo hacía por mí, que no me deshonrase, que no deshonrara a mi hermano, al reino, a los sabios, a los muertos en la guerra. Lloré y le rogué. La decisión que iba a tomar significaba la desgracia para él, para mi hermano, para mí misma y para nuestros hijos. Le pedí que lo matara, que si acaso lo hiciera sin dolor como máxima clemencia. Él, sin embargo, me hizo sentar y me pidió callar. Me explicó su decisión:

- Altaxa, te amo y, precisamente porque te amo, jamás haría lo que estás pensando, es decir perdonar a un culpable por el afecto o el deseo. Porque eso significaría precisamente que te humillo, que te hago participe de la injusticia, de un futuro lleno de pesares, la infamia eterna para nuestros hijos. No, Altaxa, esposa amiga, no voy a perdonar a Jutland porque sea tu hermano, o porque sea de la familia o porque haya disfrutado de tan buenos ratos en su compañía. Ni siquiera por los servicios prestados al reino en las múltiples batallas en las que lucho por mí. Voy a perdonarle porque es justo hacerlo.
- ¿Justo liberarle cuando su decisión puso en riesgo a la nación?
- ¿Cuál es la misión de un gobernante, de un rey como yo? ¿Cuál, Altaxa? ¿Cuál? Yo te lo diré. Proveer bienestar a su pueblo, que no mueran niños de hambre, que no sufran los inocentes, planificar los cauces de los ríos para que no se desborden, mejorar las ciudades, dar cobijo, proveer habitación, comida y vestido. Y, sí, también administrar justicia. Pero, ¿qué justicia puede ofrecer un rey si su pueblo muere de hambre, si los caminos son peligrosos, si los niños no pueden ir a una escuela, si los hombres padecen penalidades? La nación, el reino, debe servir a los que lo pueblan; no al revés.
Me imagino el dilema al que se enfrentó Jutland, tu hermano. Era un comandante experimentado y conocía bien el riesgo de debilitar sus tropas. Pero esto era un riesgo, una probabilidad, un quizá. Nadie sabía si los bárbaros atacarían o no puesto que él ya los había derrotado varias veces. Frente a esta posibilidad, a una probabilidad siempre complicada de evaluar, Jutland tenía la realidad directa, cercana, presente, de la hambruna entre nuestras gentes, de los niños que lloraban de hambre, de las mujeres que perdían sus fetos por la falta de alimentación, del sufrimiento de los compatriotas. ¿Qué debía hacer? ¿Qué hubiera hecho yo? ¿Qué era lo justo? Yo te lo diré. Hacer lo que hizo. Paliar con todo lo que podía la angustia y el padecimiento del pueblo, repartir aquello de lo que disponía, sentir compasión por sus semejantes, sufrir con sus hermanos. Dabón y sus hombres deben ser considerados como héroes. Combatieron hambrientos, cumplieron con su deber sufriendo como lo hacían aquellos a los que defendían, compartiendo las penurias, las penas y las alegrías de sus conciudadanos. ¿Crees que aquellos niños que pudieron comer gracias a los soldados, pensarán que Jutland debe morir? ¿Piensas que aquellos campesinos que pudieron recuperar fuerzas para trabajar el campo creen que tu hermano debe ser ejecutado? ¿o, por el contrario, las madres le darán gracias eternamente por la ayuda recibida que permitió salvar a sus pequeños? Es fácil hablar cuando uno está a dos mil leguas del problema, lejos de la guerra, fuera del barro, caliente en palacio, llena la panza de pan y cordero, vino e hidromiel. Es fácil decir que, allá, lejos, en el frío, tus hermanos deben aguantarse, morir por la patria, vigilar que nosotros no tengamos riesgo,  morir de hambre por nosotros. ¿Sería eso justo? No, no lo sería. No son los dioses los que nos traen las calamidades, somos nosotros las que las dejamos crecer. Voy a liberar a tu hermano porque es lo justo, porque antepuso su deber para con los seres humanos a su carrera militar, porque antepuso su compasión y su piedad a cualquier otra cosa. No lo hago porque te amo aun cuando sea verdad que te adoro. Sé que él no lo entenderá. Sé que tú no lo entenderás. Sé que los nobles confabularán contra mí. Sé que mis enemigos harán de mí el más odiado y aborrecido de los hombres. Sé que los sabios me otorgarán un apelativo denigrante cuando los dioses me llamen al paraíso. Sé todo esto. Sé que aquí acaba mi fama de buen rey, que mi prestigio y mi reputación mueren salvando a Jutland. Pero es lo justo. Ser justo es serlo cuando es complicado defender la justicia. No podría vivir con mi propio corazón si le ejecutara por hacer lo que yo mismo hubiera hecho. Lo hago porque creo en ello y espero que lo comprendas, tú más que nadie porque con mi decisión también te comprometo a ti.

Altaxa no dijo más. Calló unos segundos, se dio la vuelta, se subió la capucha de su capa y salió. 

Los tres sabios percibieron el gélido viento y atisbaron a ver que la nieve caía con fuerza. La luz de las linternas palideció.

Dabón, “El Justo”,  fue considerado un gran monarca, un modelo de rey, durante muchos siglos en el reino de Asbregán.